28 de octubre de 2008

Carranque - Toledo

Me costó dinero que me reconocieran como el descubridor del yacimiento de Carranque

http://www.abc.es/20081027/castilla-la-mancha-castilla-la-mancha/costo-dinero-reconocieran-como-20081027.html

Samuel López Iglesias es un enamorado de las ruinas antiguas desde adolescente. El fastuoso spa del hotel de cuatro estrellas que dirige lo corrobora. Cuando estaba al cuidado de unas vacas y con tan sólo 18 años descubrió los mosaicos de Carranque, reconocimiento que tuvo que ganárselo en los juzgados. En julio se cumplieron 25 años de este impresionante hallazgo y Samuel lo recuerda como si fuera hoy.
-Usted sabía que allí había algo.
-Fue una casualidad, aunque estaba tras la pista. En el terreno donde está el parque arqueológico es propiedad del Ayuntamiento, pero mi padre lo tuvo alquilado durante 17 años y tuvimos allí la huerta. Debajo de nuestras patatas teníamos el yacimiento. Se creía que el muro de lo que se llama basílica, que en realidad es un edificio civil, era la ermita de Santa María, pero nadie sabía que el origen era romano.
-¿Cómo lo descubrió?
-Al arar ya habíamos encontrado cerámica y utensilios romanos, como una lanza, azadones o una pesa de plomo. Soy aficionado a la arqueología desde joven y siempre iba mirando al suelo. El 23 de julio del 83 las vacas que teníamos andaban por el río y mi padre estaba a su cuidado, pero se encontró mal, se marchó al pueblo y las dejó solas. Las vacas se fueron al rastrojo, a la zona de los mosaicos. Yo me fui hacia ellas y entre la paja amarilla vi una tesela negra, una piedrecita cuadradita con la que se hacen los mosaicos.
-¿Se quedaría paralizado?
-Me empezó a latir el corazón. Comencé a rebuscar entre la paja y encontré otra tesela y otra..., y un trocito de mosaico chiquitito, formado por cuatro o cinco teselas pegadas, y otro y otro... Cuando encontré varios pensé que lo había levantado el arado. Con un palo que llevaba para arrear a las vacas arañé el suelo y a diez centímetros de profundidad estaba el mosaico.
-¿Se pondría como loco?
-Dejé las vacas. Salí corriendo, me fui a la huerta y llamé a uno de mis hermanos. «Vente, que he encontrado un mosaico romano», le dije. Volvimos con un azadón cada uno, empezamos a cavar y fue una locura. Estaba tan somero que cada tres cavadas levantaba un resto de teja y, pum, debajo el mosaico.
-¿Qué hizo después?
-Mi hermano Miguel Ángel era concejal y lo comunicó al Ayuntamiento y al Museo de Santa Cruz de Toledo.
-¿Esa noche no dormiría?
-Cada vez que cerraba los ojos sólo veía mosaicos.
-¿En el museo le llenarían de besos?
-Al principio, sí. Luego fue todo lo contrario. Vinieron del museo a verlo y confirmaron que era una villa romana, los típicos cortijos de hoy en día. Yo sí sabía distinguir lo que era un mosaico, pero no qué tipo de edificios.
-¿Cuántas veces ha ido a verlos?
-Llevaré dos millones.
-¿Sentirá los mosaicos como algo suyo?
-Se lo digo a Belén, la directora del parque. Me siento como su madre y ella me corrige: «Será como su padre». Pero insisto en que su madre soy yo porque lo he parido (risas).
-¿Y con 18 años ya tenía tanta afición a la arqueología?
-Teníamos un club de atletismo en la zona y venían chavales de la escuela del Viso acompañados de un maestro, muy aficionado a la arqueología. Los domingos, cuando íbamos a las carreras, me hablaba de arqueología y fue el que me metió el gusanillo en el cuerpo.
-¿Y ha transmitido esa afición?
-Tuve la fortuna de casarme con una mujer que le gusta tanto como a mí. Vamos de viaje y siempre vemos ruinas. Tengo un niño con diez años y una niña con siete y cada vez que voy al yacimiento me los llevo, aunque pasemos frío.
-¿Guarda algún recuerdo físico del yacimiento?
-Todo lo que tenía valor se lo dimos al Museo de Santa Cruz, pero nunca lo han vuelto a traer a Carranque y en el museo no lo tienen expuesto. Es una pena.
-¿Habrá recibido muchas palmaditas por este hallazgo?
-Es un capítulo que quiero cerrar por lo mal que lo pasé. Los miembros de mi familia éramos dioses para la Consejería y para el Museo de Santa Cruz. En el 83 se hicieron excavaciones, en el 84 el primer mosaico que yo encontré lo levantaron y se lo llevaron al museo, y en el año 85 ya se empezó realmente a excavar y se destaparon todos los mosaicos. En el 84 cada trozo del primer mosaico que se levantaba iba a mi casa hasta que estuvo todo entero allí y luego lo llevamos a Toledo en un camión. También instalamos desde la huerta una tubería con agua corriente para las excavaciones. Teníamos unas relaciones buenísimas con ellos, pero...
-¿Qué pasó?
-El descubridor tiene unos derechos, según la legislación española. La que regía en 1983 era de 1812, aunque después la han cambiado con algunas variantes pequeñas. Dice que el descubridor recibirá, en concepto de indemnización y en metálico, el 50 por ciento del valor y que la tasación la tiene que hacer un perito arqueólogo. Pero una vez que se excavó todo y pedí mi parte, pues se acabó ser amigos. Los arqueólogos decían que lo habían descubierto ellos y la Junta afirmaba que era gracias a la pasta que habían puesto. Total, que se lo reclamé tres veces a la Consejería de Cultura, pero lo rechazaron. Sólo reconocían que había descubierto un mosaico, pero yo sostenía que había encontrado un yacimiento y que los arqueólogos lo habían desenterrado. No querían reconocer de ninguna manera que yo lo había descubierto.
-Por eso en los folletos ponen lacónicamente que el yacimiento fue descubierto por un vecino de Carranque...
-Pero no ponen mi nombre, y eso que los programas de mano que dan los pago yo (risas).
-¿Qué indemnización recibió?
-Acudí a la vía jurídica. Tuvimos un pleito de cinco años en el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha y el perito judicial, que quería trabajar para la Junta, tasó el yacimiento entero en siete millones de pesetas. Perdí el juicio. El juez reconocía que yo había descubierto un mosaico y que dio pie a que se hallara lo demás, pero que el resto había sido descubierto por los arqueólogos. ¡En realidad lo habían desenterrado! Esto es como lo de Colón, que descubrió una playa y luego vino todo lo demás. Entonces recurrí al Supremo y después de cuatro años me dio la razón. Me reconoció la autoría y el pago del 50 por ciento del valor; total, tres millones y medio. Con este dinero tuve que pagar a tres abogados que tenía en Toledo, un abogado y un procurador en Albacete y también en Madrid por nueve años de pleitos. Y además tuve que poner dinero.
-Hace cinco años que se abrió el yacimiento al público, ¿por qué se tardó veinte años en enseñarlo a la ciudadanía?
-Porque al director de las excavaciones de entonces, Dimas Fernández Galiano, no le interesaba. Siempre que daba una conferencia, incluso delante de mi, se atribuía la autoría del descubrimiento como jefe del equipo de arqueólogos. También se tardó tanto tiempo en abrir porque la Junta tuvo que hacer una gran inversión, de cientos de millones de pesetas, pero a mí me racanearon el dinero que me correspondía. Pero, bueno, tienes que pasar página y mirar hacia adelante.

1 comentario:

  1. Anónimo8:47 p. m.

    Esto es como una pelicula surrealista.
    Creo que de Europa, seremos el único país en que ocurren estos hecho.
    Son de verdadera vergüenza, para que quieren Vds. un presidente en la Comunidad, el si lo sabe para cobrar y no estar al tanto de estos temas.
    Muy edificante.

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